Lo que construimos se acabó -Natalia Lafourcade
I am -here-’s not Sibilino Voyles
“What You and I had is over” – (enlace a la canción)
said Natalia Lafourcade.
Yey, you and I have not even started.
You will not remember my cover
in three months, in past and in future
still not realizing my signals that
your face is the page that cannot be ripped out.
My secret love…
I will remain in the lyrics of your favorite song and disappear in three minutes
as a déjà vu, You and I would, but I already did my part and you’re
the travesía which will remember
through decades, in past and in future
not heating me in winter,
not cooling you in summer and,
fall-ing begins over again at our backs in a different place
with no tricolor gates.
Soy peor from your innocent 19th mouth sounds real
but my 21st mind resists to understand my mother langue
when it comes to warn me
my sentiment mutates into a poem
confessing that You and I are from different worlds, which cannot be combined
because you don’t want.
Maybe, not even “We” joins You and Me…
I am folklore separated from
a woman who needs a man, or
someone who suppresses her feelings – to be honest,
he’s not in my playlist and I am not in your life.
The same in a different scène.
In a relationship, there are two stages we remember the most
the beginning is a pool
full of affection to the Latino rush.
The end is ping pong
Donc, you will end up meeting a demoiselle.
For us, there is the middle.
We will remember three states
because You and I are not-half/friends
but We have our non-relationship in French.
Embrasse-moi!
¡Y sí me abrazó!
Este poema lo escribí en abril del 2018, justo antes de las vacaciones de Semana Santa/Spring break en Kalamazoo College, Michigan. Una noche, se suponía que tenía que escribir mi ensayo final para mi clase Critical Ethnics Studies, pero no podía concentrarme porque otras palabras estaban rondando en mi cabeza. Era un poema para un compañero de mi clase de Francés que me gustó desde el primer día de clases, E. Voyles.
El poema fluyó como si ya estuviera escrito en mi corazón, solo hacía falta que mi mente lo traspasara al papel. Me divertí tanto jugando con las estructuras. Estaba muy orgullosa cuando lo terminé. Tanto que hasta me atreví a dárselo al joven Voyles. Lo tenía todo planeado. A él lo conocí en el trimestre de invierno. ¡Yo ya había estado un trimestre en el colegio sin topármelo jamás! Así que pensé: “si eso es posible, entonces puedo darle el poema al terminar nuestra última clase. Sería el último día que nos veríamos en Francés 202. Si no soy correspondida, estoy segura de que no me lo encontraré en los pasillos de la escuela en el trimestre de primavera, como pasó en el trimestre de otoño”.
Lo alcancé en las escaleras, le di el poema, me preguntó por qué le estaba dando un poema que le había escrito y le respondí que la gente tiene derecho a saber lo que inspiran. Platicamos un poco más mientras caminábamos hacia la salida de la biblioteca. Ahí, me encontré a mis amigos y él salió. Me quedé gritando. Mis amigos también. Ellos ya sabían pues les pedí que me hicieran correcciones, especialmente con el francés. Nos regañaron en la biblioteca por estar haciendo ruido. Fue muy chistoso. Se sintió como una película.
Pensé que no me buscaría porque no había dado señales de que yo le gustara, pero decidí dejar fluir la situación. Me había sentido tan viva y valiente al escribir y entregar mi poema, que hasta ese momento era todo lo que importaba. La respuesta positiva sería el pilón. Nos vimos una vez más. Fue el día del examen de evaluación. Nos saludamos cordialmente, él fue el primero en terminar. Era muy inteligente. Yo fui la última en salir. Tenía menos experiencia con el francés que él. Me puse triste porque pensé que se había ido. Para mi sorpresa, cuando salí, ahí estaba sentado en el pasillo; esperándome. Platicamos sobre el examen y entonces yo le pregunté si le había gustado el poema. Él con una sonrisa me respondió: “¿qué si me gustó? ¡Me quedé como un pendejo!” Me reí y seguimos platicando hasta salir del edificio.
Después de eso, me fui a pasar las vacaciones con mis suitemates a Myrtle Beach en busca de calor. No funcionó. Hacía tanto frío que no nos quitábamos los abrigos para salir del hotel, pero él me escribió de camino a la playa. Recuerdo que mi compañía de celular, Telcel, no tenía buena señal en Estados Unidos. Así que Sharmeen, mi roomie favorita me compatió de su wifi. Era la más feliz del mundo en un viaje por carretera con mis amigas, en otro país, inmersa en un idioma que por tanto tiempo había querido aprender, mensajéandome con el chico de mis sueños…
Regresé a Kalamazoo College después de una semana y empezamos a vernos en la escuela. Era mágico. Me quería. Era correspondida. Sin embargo, también empezamos a conocernos. Él estaba en depresión y yo me mataba por contagiarle mi luz. Me apagué. Me cansé de insistirle que saliera de su cuarto, que dejara de fumar mota, que hiciéramos algo juntos, que me acompañara en mis mil eventos. En vez de eso, al parecer estaba detrás de Marie, la estudiante internacional francesa. Intenté ignorarlo y pensar que estaba conmigo porque a mí era a quien quería. No funcionó. Me volví una persona insegura, miedosa, celosa, tóxica. Estaba triste por todo lo bueno que le había dado y que no había valorado para después yo estar muy herida.
Así pasó el último trimestre del ciclo escolar. El día antes de irse del campus de regreso a Detroit, a casa de sus papás, me pidió que habláramos. Yo ya estaba empacando para regresar a México. Primero me negué. Pensé que me arrepentiría. Fui y no lo reconocí. Se puso a llorar, dijo que todo el tiempo había querido estar conmigo y que al final nunca entendió qué era lo que yo había querido, que parecía que lo que me había dado no había sido suficiente. No dije nada. No porque no quisiera sino porque estaba en shock. Por tres meses estuve brincando como fuegos artificiales alrededor de él para que me prestara atención y, ¿el último día quería que le explicara cómo me había sentido insuficiente?
Mi mente estaba en blanco y así estuve por años después de mi experiencia de intercambio. Después, en otro poema él me escribió que gracias a mí él había salido de la depresión, que yo lo había llenado de vida. ¿A qué costo? A veces pienso que quizás todo de él lo absorbí yo y él había absorbido todo de mí porque él ya estaba feliz, mientras yo había entrado en depresión. Varias veces también, intenté dejarlo ir. Intenté de todo, hablé con él, le escribí lo que sentía hasta que dejó de leerme, escribí cartas que quemé, poemas que guardé y sentía que no se iba. Más tarde, empecé a sospechar que no lo extrañaba a él, sino a mí misma y a la persona que yo me había convertido por él, por hacerlo sentir bien, por darle mi amor. Pensé que lo necesitaba a él para volver a ser así; extrovertida, excéntrica, enamorada. I’m -here’s- not Sibilino Voyles es un poema que yo escribí en tres idiomas porque eso es lo que soy capaz de hacer por alguien. Cuando quiero darle el mensaje que quiero ser la mejor versión de mí misma para compartirla con él/ella, pero esta vez sabiendo aceptar y reconocer cuando no sea recíproco.
Lamento haber permitido que mis heridas lastimaran a alguien más y que alguien más me lastimara. Si hoy tengo un regalo, es una respuesta: Quería que me eligieras, pero no quería obligarte a hacerlo. Por eso nunca te exigí nada. Siempre te invité, a pasar tiempo conmigo, a abrazarme, a hablarme, etc. Fui muy feliz cuando lo hiciste por voluntad y me destruí cuando no. Sentí ganas de exigirte, pero sabría que no sería verdad. Sin embargo, no estaba lista para aceptar que aunque sintieras mucho, muchísimo cariño por mí, no despertaba eso que despertaba Marie; ese deseo en un hombre que hace que se vuelva loco por una mujer. Todo lo contrario, yo fui la que te busqué y aunque casi lo logré, yo sí te elegí y tú no a mí. Fui egoista, te quise arreglar para que pudieras estar conmigo. En vez de eso, te arreglé para que fueras detrás de alguien más, pero gracias, gracias, gracias porque solo así aprendí que soy yo la que se tiene que elegir. Hoy, comparto el poema con el que empezó toda nuestra historia. Dirán nuestros amigos que sigo de intensa, pero como dice Patrick Ness:
“Stories are wild creatures. When you let them loose, who knows what havoc they might wreak?”